POR UNA PARTE y POR OTRA PARTE

Salman Masalha

POR UNA PARTE y POR OTRA PARTE


Estas cosas deben ser dichas de una manera directa sin eufemismos. La situación que se ha desarrollado en esta tierra que se extiende desde el mar Mediterráneo al río Jordán - llámese la tierra de Israel, si usted así le gusta, o llámela Palestina o cualquier otro nombre que crucen sus labios - es sobre todo una tragedia generada por la mano del hombre, aunque los cielos la han rozado.

Por una parte, la organización Hamas, tristemente, no está combatiendo contra la ocupación israelí. Cualquiera persona que reclama, por lo contrario, debe primero que nada tener las pruebas de boca del portavoz mismo de la organización Hamas. Mientras el demandante no defina los límites de la ocupación y no reafirme su reclamo con citas de la boca de Hamas que está resistiendo “esta ocupación,” cualquier cosa que se diga será el equivalente a la vanidad de vanidades, para decirlo suavemente.

La organización Hamas en Palestina, como Osama bin Laden y los Talibanes que lucharon contra la ocupación soviética en Afganistán con la incitación y la ayuda de los Estados Unidos, nacieron con el auxilio del ocupante israelí y son equivalentes a un Golem que se ha alzado y se ha vuelto contra su creador. Hamas disfrutó durante muchos años de la ayuda de los líderes de la ocupación israelí, que quisieron crear un contrapeso a la Organización para la Liberación de Palestina, que había emprendido ya la lucha palestina para la liberación nacional.

Este ensayo fue hecho después del intento - y de su primer fracaso - por los líderes de la ocupación que se nutrieron de una concepción orientalista equivocada que había impulsado hacía ya varios años antes la creación de las asociaciones de asentamientos en los territorios ocupados para constituir un contrapeso al liderazgo urbano, que había alcanzado la OLP en su desarrollo.

La organización Hamas, en que está inmersa profundamente en la ideología islámica, pone en peligro primero y principalmente al nacionalismo palestino, y esto por la simple razón que niega enteramente este nacionalismo, que no hace ningún otro nacionalismo árabe. Desde la perspectiva de Hamas y de su ideología islámica, Palestina no es nada más que una franja de tierra ocupada que pertenece a la nación musulmana que al mismo tiempo aspira a restaurar su gloria antigua bajo la forma de gran califato islámico del cual Palestina constituye solamente una provincia minúscula. La organización de Hamas ha sacado fuerzas no sólo del éxito de la revolución Jomeinista que se arraigó en Irán, sino también del “Hamas judío” que ha emergido en Israel como consecuencia de la profundización de la ocupación israelí en los territorios palestinos después de la guerra del junio de 1967.

Por una parte, aquí en las últimas décadas, todos los movimientos que Israel y sus numerosos gobiernos han hecho, están dirigidos a continuar la ocupación israelí, profundizándola y perpetuándola para frustrar la posibilidad del establecimiento de un estado palestino en esos territorios. Cabe destacar que incluso el acuerdo de la paz que Israel se vio obligado a firmar con Egipto fue suscrito al final con los dientes apretados por parte de la derecha israelí que cree en las ocupaciones. El acuerdo de paz con Egipto, incluso, fue hecho, entre otras cosas, para neutralizar al mayor de los países árabes para poder continuar con la ocupación de los territorios palestinos. “La autonomía palestina” que fue incluida en ese acuerdo reveló las intenciones verdaderas de Israel, en el plan de autonomía, como lo dejó en claro Menachem Begin, en 1979; al señalar que la referencia era para la autonomía de personas y no para la autonomía del territorio. En otras palabras, los habitantes palestinos administrarían sus propios asuntos pero no tendrían el derecho de administrar el territorio. De hecho, el territorio, según el “Hamas judío,” es tierra judía sagrada que ningún gobierno tiene el derecho a renunciar. Y así, la ocupación se profundizó y los asentamientos judíos fueron ampliados y se multiplicaron

De esta manera, así como el Hamas palestino es hostil al interés “nacional” palestino, así también el “Hamas judío” es hostil al interés “nacional” israelí. Y así, en el contexto del conflicto las dos “nuevas naciones emergentes” se han hundido gradualmente en la arena movediza nacional-religiosa; y cuanto más profundo se hunden en la ciénaga de Israel y en el cenagal de Palestina, más se sumen los que demanden exclusividad sobre el pantano, así como los que se están hundiendo en él, peleándose entre sí y ahogando a cada vez más gente bajo sus pies opresores.

Para rescatar a los habitantes de este pantano de arenas movedizas del destino que es conocido y se espera por ambos lados, se hace necesario continuar el proceso para desecar el pantano en vez de pasar el lodo de un lado para otro, en el momento en que los dos grupos están chapoteando en él y en todo caso, empapados de sangre.

Aunque el proceso de desecado no sea fácil porque requiere de un cambio en la conciencia, la única forma de salir del fango, en el que ambos lados continúan forcejeando, es una transformación de la cultura que creó el pantano y que está devorando a sus habitantes. Ni los sepulcros de patriarcas judíos ni los sepulcros de patriarcas árabes deben ser las aspiraciones de judíos y de árabes, porque quienquiera que santifique sepulcros de patriarcas terminará enterrando a sus propios hijos en ellos. Este pantano ya se ha tragado a muchos hijos, de ambos lados, y está aún con sus fauces abiertas.

No soy creyente en nacionalismos de ninguna clase. En mi concepción, el nacionalismo es una enfermedad seria de la raza humana y cuando se mezcla con la religión que santifica sepulcros se convierte en una enfermedad maligna y contagiosa, y ésta es la realidad en la que se ha convertido en esta tierra ante nuestros propios ojos.

Por tanto, esta tierra de arenas movedizas necesita liderazgos valientes, tanto en el lado israelí como en el palestino. Esta tierra necesita una administración israelí valiente que actúe de una manera seria, sin tardamudeos o reprimendas, para terminar la ocupación en todos los territorios ocupados desde 1967. Sí, incluyendo Jerusalén oriental palestino. Esta tierra de arenas movedizas necesita igualmente una dirección palestina valiente que también actúe seriamente, sin vacilaciones o sermones, para terminar la ocupación de 1967 y para hablar valerosa y francamente a su gente para lograr el reconocimiento recíproco entre ambas tierras como dos estados independientes con todo lo que eso conlleva en el derecho internacional. El momento en el que cada uno de los dos pueblos, en dos estados independientes, construya un estado secular y democrático en su propio lado, dejando en claro, que la frontera entre ambos no tendrá ningún significado. Hasta entonces, seguiremos esperando a dos “Mesías,” un Ataturk israelí y un Ataturk palestino. Hasta entonces, ambos lados tendrán que darse cuenta que no hay mayor tierra de Israel y no hay una mayor Palestina.

Cada uno en cuyo corazón el amor de esta tierra entera, con todos sus paisajes, sus lugares y sus habitantes, esté plantado profundamente debe pensar en repartírsela entre un Israel más pequeño y una Palestina más pequeña. Precisamente en este caso, es el reparto el que preservará el conjunto, porque si no, no será tierra de la vida, ni para los judíos ni para los árabes, ni para los israelíes ni para los palestinos. Porque si no, solamente la muerte tendrá aquí un país floreciente.


5/1/2009

(Traducción al español: Sergio Badilla Castillo)

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